Un estudio realizado en el Hospital Argerich da cuenta de una información que venía circulando de boca en boca durante los últimos cuatro años: el uso de misoprostol para provocar abortos medicamentosos. Con menos riesgo que otro tipo de intervenciones sépticas, es una estrategia que pone a salvo la vida de muchas mujeres aunque su efectividad depende del uso correcto.