Julio Verne es algo así como el padre de la profecía, el más victorioso entre aquellos que trabajaron el futuro como materia literaria en fusión y fabricaron con él bellas estatuas de bronce que aún hoy perduran. El italiano Emilio Salgari (1865-1911), por su parte, también intentó ese camino en Las maravillas del 2000, y ambos imaginaron un futuro erróneo, un futuro que no encaja con los hechos ahora que fatalmente se hizo presente, pero que no se desvaneció como literatura, ese depósito de todos los pasados... y de todos los tiempos por venir.
Por Guillermo Piro
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